Publicación: Jovita, Poemas de Amor para la Reina

JOVITA, Poemas de Amor para la Reina.

Autor: Javier Tafur González

Jovita-Pagina-1Ediciones La Sílaba

Colecciones Ocarina

2009

Versión íntegra digitalizada por: Grupo de Trabajo Sienpies.

 

 

1-Ahí va la Reina

Cruzando con donaire va Jovita,

y no hay otra más segura en el camino;

cruza el paseo con garbo femenino,

y todos encuentran la muy bonita.

 

Lleva moda de antaño, con sombrero,

surtido de collares y pulseras,

y, como siempre, volando, a las carreras,

rápido, con un paso muy ligero.

 

-¡Vé, loca! -atrevido la llama alguno.

-¿Loca? ¡Loca, no! ¡La reina Jovita!

El pueblo sigue, silba, aplaude y ofende.

 

Y de ella, ciertamente, no depende,

pero la gente la quiere y la grita,

e indiferente no queda ninguno.

 

2- Se alquila una pieza

Los Manrique pasaban sus apuros,

arrendaban, en casa, habitación;

notando el letrero vio la ocasión

de llegar a lugares más seguros.

 

Sabido es, conocido su linaje,

por el que, con derecho, justamente,

Jovita aspira a que, muy prontamente

le entreguen lo que el abolengo exige:

 

que no es otra vivienda que la Casa

del Virrey, en Cartago; de antigua y hermosa

construcción, pero por lo pronto entiende

 

que el dueño para ayudarse la cede,

pues la situación es dificultosa,

y ella decide asegurar la pieza.

 

3- Ideas y creencias 

Por vacilar ella, otro interesado,

un joven, averiguó por la pieza;

seleccionando el inquilino empieza

un largo desfile que aún no ha acabado.

 

Las propietarias creen en la ceniza,

en las cartas, y en adivinaciones;

por lo que son muchas las ocasiones

en las que ellas van a la pitonisa.

 

Le muestran la pieza a extraña mujer,

que mira y observa con mucho interés;

y sí. por ella, al final se deciden.

 

Cuando preguntan por ella, reciben

historias, leyendas del palmarés…

Es Jovita misma; no hay nada que hacer

 

4- Un curioso trasteo

¡Maaanga viche! ¡Chontaduro! –pregona

la negra Pola con amplio platón

en la cabeza, cuando con un montón

de bártulos un camioncito asoma.

 

Es Jovita: decidida se trastea.

Perplejas las hermanas Manrique ven

periódicos y chuspas, que no caben,

posesiones de las cuales alardea.

 

¡Qué hecho más inesperado! Paquetes,

paquetes y paquetes, bacinilla,

frascos, cuadros, palos, tablas, perchero

 

álbumes, el infaltable nochero,

el tocador, la tiznada hornilla

y los chicos ya empiezan sus diretes.

 

5- De posada transitoria

Eso debía quedar bastante claro;

que ella tomaba la habitación de paso,

unos días, mientras le hacían caso,

reconocían su origen preclaro,

 

y le entregaban la Casa del Virrey,

que le correspondía por derecho;

que se la dieran debía ser un hecho,

conforme indica y determina la ley.

 

Al oírla las Manrique se alarmaban,

mucho más al verla con un mapa,

localizando enfática su dominio…

 

Con ella lo humilde se hacía eximio,

su viejo chal parecía una capa,

y atentas, respetuosas, la escuchaban.

 

6- Llena de afanes, combativa y volandera

Al día siguiente salió temprano.

¿Para dónde iba? Nunca se sabía;

sólo que sin pereza ella salía

arreglada, pintada y sin desgano.

 

Inquietas las Manrique a sus vecinos

averiguaban por “el personaje”…

Las respuestas eran de su coraje,

de sus flores y vestidos divinos;

 

y de su parla rara y encantadora,

y de sus amistades prominentes;

también de sus apellidos de alcurnia;

 

y que batallando una causa nimia,

llegaba aun a molestar presidentes,

que muchos consideraban locura.

 

7- Esas no son bobadas

 Lo que sí conviene hacer,

es aclarar tanto anclar y tanta callejeadera;

siempre va combativa y volandera,

con un afán que no la deja parar.

 

Lo que la lleva y la trae son “sus causas”;

esas motivaciones cotidianas

que nos reclaman todas las mañanas,

pero que a ella no le permiten pausas.

 

“Insignificancias”, dice la gente;

“cualquier bobada”, dicen, y la ofenden;

y tantos otros comentarios tontos;

 

que los tontos no saben que son tantos,

porque los “lerdos” y “zoquetes”, no ven

qué, cada causa tiene de importante.

 

8- De una parla encantadora 

-¿Parla? Parla no; ella dice sus cosas…

Ella habla como si estuviera ausente;

palabras que salen cual mariposas

y siempre está pensando por delante.

 

-Lo que yo digo: no es como la gente;

de todo opina, de todo comenta;

pa’ Jovita nada es indiferente;

a todo lo mira, y en todo se mete.

 

-Me llama la atención su sonsonete.

-A mi ese tonito con que gobierna.

-Más que nada Jovita es enredada.

 

Otros la consideran liberada;

eso sí, por el acento palmirana,

y de maneras cultas, muy decente.

 

9- El fotógrafo y la reina

Fue Jovita el día de la sesión;

Fernell Franco la esperaba cumplido;

y ella llegó tocada por Cupido,

coqueta y alegre, con gran emoción.

 

Con la falda larga y las margaritas,

las rosas de papel y los collares,

símbolo de la paz y las mercedes,

toda sonrisas, miradas bonitas;

 

vestido de volantes, la pavita,

flequillo en la frente, limpia mirada,

y un hondo suspiro en el corazón.

 

que le daba a sus sueños la razón

para sentirse muy linda y admirada,

como en la realidad era Jovita.

 

10- Óiganla, óiganla

Poco después ocurrió una novedad:

por la noche se entraron los ladrones,

esculcaron en todos los rincones;

todo, todito, sin una salvedad.

 

¿Y qué se llevaron estos amigos?

Al principio ellos no notaron nada,

pero ya después de inspeccionada

muy bien, se dieron cuenta, y sin testigos,

 

que se habían robado el tocadiscos.

Este bullicio despertó a Jovita,

quien increpó al señor la cobardía

 

de no impedir tamaña picardía:

de haberlo sentido ella sí lo evita,

aunque tuviese que hacerlo a pellizcos.

 

11- La reina en apuros

“En los buses se siente la pobreza”;

“la inseguridad de todos los barrios”;

“vivir requiere mucha fortaleza”.

Por el robo eran estos comentarios.

 

Después de aquel insuceso “molesto”,

fue inquieta a visitar a sus hermanas,

y oyó gritaban, con toda las ganas:

¡Cójanlo! ¡cójanlo!, que roba ésto…

 

No supo dónde guardó su cartera,

ni tuvo paz para comer sancocho;

salió sin despedirse al paradero,

 

paró el papagayo que vio primero;

se puso furiosa con el muchacho,

cuando el chofer le pidió le cobrara.

 

12- El poder del enebro

Las Manrique fueron a la adivina

-a propósito de lo sucedido,

y para recuperar lo robado-,

a la negra Benita, en la mañana.

 

El Libro Sellado de San Cipriano

les abrió, y les dio las indicaciones;

aclaró compromisos y oraciones,

y les dijo: “El ladrón caerá temprano”.

 

El enebro, la mata de sábila,

los pasos contados, el purgatorio…

Y no había mucho tiempo pasado;

 

se supo lo habían capturado.

Rápidamente llegó el comentario;

fue ir a pedir ayuda y conseguirla.

 

13- Violación de domicilio

Rubí y Damaris, niñas de la casa,

hijas de doña Elvia y de don Orlando,

tuvieron la esperada ocasión cuando

se fue a averiguar cuál era la cosa

 

por la que no llamaban de Cartago.

Jovita salió y las niñas entraron

a su habitación: ¡Como imaginaron!

Sombreros, cintas, joyas, traje largo.

 

Se pusieron a jugar “La vieja inés”,

y a “La hija del conde”,y a “La sortijita”,

con Marlene, con Rita y Flor Aída;

 

en el juego olvidaron la venida…

De improviso sintieron a Jovita:

se escondieron dos, luego las otras tres.

 

14- Descorazonada

Furiosa, triste y descorazonada

quedó Jovita; las frases brotaron

broncas, llenas de rabia y no calmaron

el fuerte dolor de verse burlada.

 

“¡Cagonas!” Y “estas viejas inútiles”,

repetía. “No lo puedo tolerar”;

y se fue a ver al padre sin esperar

a narrar las maldades infantiles.

 

Y con el padre Correa se desahogó.

De nuevo la Jovita volvió a soñar

con la Casa del Virrey prometida.

 

Le dijo al padre que era la salida,

que ese su sueño debía retoñar

y, otra vez, paz y calma recobró.

 

15- La casa del Virrey

La casa tiene anchurosos portales,

el balcón espacioso y amplios aleros,

escullo esculpido en piedra, señeros

blasones de reliquias coloniales.

 

Amenos patios, fuentes de brocales,

gruesos muros de piedra, con realeza,

dan impresión de adusta fortaleza,

al caserón de firmes ventanales.

 

Habitaciones unidas entre sí,

con esa grata frescura serena

de los palios de casas andaluzas;

 

pues que ella corresponde a las riquezas

de Don Sebastián de Marisancena,

y vale para Jovita un Potosí.

 

16- El charco del río

Allí se bañaba y lavaba ropa,

por esos pedrones de Santa Rita,

y en esa mañana de sol, Jovita,

conoce aquel joven que se la topa:

 

Bruno, que le propone sea la reina

de la Facultad, la de Ingeniería,

y que todo el mundo la apoyaría,

ya que ella era la más bella y lozana.

 

Ella calcula y lo deja en suspenso:

-La respuesta, para el día siguiente-,

dice, entre simpática y vanidosa;

 

y ya es otra cuando llega a la casa.

A la hora acordada llega la gente,

y en Cali se vive un nuevo suceso.

 

17- Estrella de la suerte

Mucha gente cree que si ve a Jovita,

va a tener ese día buena suerte;

como va y viene arreglada y bonita,

considera será bueno e importante;

 

y dado que la reina es muy andariega,

por las calles, carreras y avenidas,

de esta su hermosa ciudad veraniega,

son permanentes, fijas, sus salidas.

 

La vemos airosa por las colinas,

parques, el río, monumentos, plazas,

y así, pues, nos encontramos con ella.

 

El aura irradia luz como una estrella;

nos regala sus gracias y sonrisas,

y saluda del coche o las berlinas

 

18- Vicisitudes

Al ladrón lo mandaron a la cárcel;

sus amigos fueron a visitarlo;

el juzgado les permitió ir a verlo.

Ellos se fueron temprano a hablar con él.

 

Los padres del procesado sufrían

por el hijo, por el vicio y mal vivir;

no podía sanamente convivir;

era un vago. Los Manrique temían

 

que cometiesen alguna venganza.

Un día Jovita quiso ir al baño,

Bertha se demoraba, no salía;

 

brava se fue al charco que ella sabía,

sin temer que le hicieran ningún daño

aumentando su paso y su viaraza.

 

19- El granero “La espiga”

Apesadumbrada ella fue al granero

de sus amigos Fanny y Nacianceno,

quienes le vieron el semblante enfermo,

y quisieron enterarse primero,

 

de la pena que Jovita llevaba:

no probó la sopa de carantanta,

nada le pasaba por la garganta;

callada, ella que siempre conversaba.

 

Y para mal mayor, la muchachada

al conocer que estaba ahí, timbraba,

hacía bromas, tiraba tomates;

 

ella respondía a sus disparates,

y la “barra” más aun la molestaba:

“¡Cotuda”, ¿qué hay del hijo?”, era ultrajada.

 

20- Semana universitaria

¡Viva su majestad Jovita Feijóo!

Era el grito de universitarios,

todo era bromas y comentarios.

¡Que viva la reina que el pueblo eligióoo!

 

Con sus estudiantes de Mecánica

en campaña, Jovita coronada

reina en la facultad y ovacionada;

ella entonces, suspirando romántica,

 

saludaba de salón en salón,

ganando más amigos y adhesiones,

para ser reina de la Universidad.

 

Jovita fue la noticia en la ciudad;

pronto se rompieron las opiniones

que tanto golpearon su corazón.

 

21- Una corona de dicha y de llanto 

A la soberana de mil coronas,

de cada torneo, de feria, o reinado,

ninguna le dio a la niña más penas

como las que por éste hubo pasado;

 

aunque el pecho llenaba de alegría

y desde el primer momento soñaba

que la corona, ella se la ganaba.

Firme se mantuvo en esta porfía.

 

Radiante lucía al ser coronada;

pero debió soportar los insultos

de las rivales que la malquerían;

 

de esas barras locas que no entendían,

llenas de guaches, zoquetes e incultos,

quedando por las burlas espinada

 

22- El suplemento dominical

“Jovita, de Cali reina y señora”;

así titularon el suplemento,

con gran despliegue y reconocimiento.

Lo sabe y cuenta la gente de otrora.

 

Fotos con personajes prominentes,

ministros, senadores, funcionarios,

comerciantes, cronistas, presidentes,

alcaldes, deportistas y notarios.

 

Fotos suyas cuando era colegiala;

con Luz Marina Zuluaga, mejilla

a mejilla. Lucían soberanas.

 

La historia de todas sus coronas.

El suplemento, casi una cartilla,

Jovita lo exhibía muy a gala.

 

23- Impresiones y recuerdos

Testigo de episodios nacionales,

figura y brillante protagonista

fue, ciertamente, la sin igual Jovita,

según diarios y fotos especiales.

 

Cientos de recortes y periódicos

registraban muchas apariciones,

donde ella formulaba sus peticiones,

in temores, ni dudas, ni equívocos.

 

Que se hizo presente el Siete de Agosto;

y en abril, a la muerte de Gaitán;

en mayo, en la caída del General,

 

cada hecho, conservador o liberal,

lo guarda con celo y con afán,

que en recortes relee con mucho gusto.

 

24- La fama (En los Almacenes Sí) 

Por esos días era muy famosa:

el reinado, los afiches, las fotos,

el reconocimiento de los súbditos

y revoloteaba la mariposa.

 

Pero la soñadora estaba inquieta:

aunque no había vuelto a sorprender

más, a las niñas, debía propender

por conseguirse su propia casita.

 

Entre sueños, delirios y las flores,

vendía y firmaba fotografías,

y así conseguía para el arriendo.

 

Cada vasallo leal le iba ayudando;

“amistad, gratitud”, filosofías

suyas, para vencer estos dolores.

  

25- La colina de San Antonio

Cierta tarde en que salía Jovita

de visitar su amiga en El Peñón

sintió ganas, tomó la decisión

de ir a la colina de la iglesita;

 

se acercó hasta el borde mismo del talud,

bajo chiminangos y carboneros;

pues fue, éste, de los lugares primeros

que Jovita conoció en su juventud;

 

el querido lugar de las “macetas”,

afectuoso mundo de los padrinos

con sus alfeñiques y mariposas.

 

Allí disfrutó horas deliciosas,

como los niños antaño vivimos,

con sus dulces de recetas perfectas.

 

26- Causas, realizaciones, nostalgias

Dos señoras la miraron perdida…,

y quisieron saber lo que pensaba.

La una, a la otra, segura le apostaba:

“que estaría fuera, no en esta vida”…

 

Su amiga, más prudente, le decía:

“Está pensando en sus realizaciones”.

Las mujeres con sus disquisiciones

se le acercaron a ver qué hacía.

 

-¿En qué piensa? -preguntó la atrevida.

-No sé si tengo rabia o la neuralgia-

la respuesta la dijo en un susurro.

 

-Ya rellenaron El Charco del Burro-,

y sigue: El Amparo; tengo nostalgia

de mi Cali bello. ¡ Ay! la nueva vida…

 

27-Tesoros escondidos

-¿Dónde guarda Jovita la corona

que ganó en Universidad del Valle?

-Donde su amiga Maruja, en la calle

de la casa de Isaacs, por la casona.

 

un día de esos que la fue a visitar,

contó que habían entrado ladrones.

La niña sintió sus palpitaciones,

y del susto casi se pone a gritar.

 

-Debo guardarla en otra parte -dijo;

la envolvió con hojas de periódico.

¡Tan! ¡tan!, la trasladó a su habitación,

 

y no tuvo ninguna discreción

con esos golpes que dio con un pico:

la enterró con estampa y la bendijo.

 

28- El panteón del Cali Viejo

Aquí nuestro Panteón de la locura,

que amoroso ha erigido la nostalgia

al carnaval de burlas y de magia,

donde tiene su puesto la ternura.

 

Tal como el pueblo venera a “Jovita”,

recuerda a “Yo te curo”, a “Pellejera”.

Aquella era una época callejera;

peluqueaba el famoso “Riverita”.

 

También era barbero “Zeppelín”,

quien repetía en los velorios:

“Me gusta la muerte, que no es lambona”;

 

y lo decía como en serio y en broma.

“Pachito Zorrilla”, y con sus repertorios

de un imaginario típico y afín.

 

29- ¡Viva Cali, Chipichape y Yumbo!

Es Jovita, entorno y entraña de la urbe

que en su mente los disparates urde;

reina querida, aguerrida, y valiente,

del sol de la mañana al sol poniente.

 

No había terminado el reinado,

y ya estaba pensando en la feria;

contrariarle “algo”, la ponía seria,

como si uno la estuviera atacando.

 

Iba en el desfile en la gran carroza

tirada por bueyes parsimoniosos,

y ella dando besos y saludando;

 

así iba, feliz, viviendo, sonando,

cuando un aguacero de esos copiosos

cayó, mas ella siguió jubilosa.

 

30- Bronquitis

La mojada le hizo daño a la niña,

quien al otro día no se levantó;

y de su propia enfermedad se espantó

al verse tan demacrada y sólita.

 

Ella, vencedera de las quimeras,

portadora del fuego y la locura,

Prometeo callejero y sin cadenas,

Quijote aguijoneando la locura,

 

estaba débil, mustia como una flor,

y con los labios blancos y resecos,

se veía etérea, leve y sin fuerzas.

 

En casa temían sus extrañezas;

la tomaron de sus bracitos secos,

y le ayudaron a paliar el dolor.

 

31- El testamento

 Rápido, tras superar la enfermedad,

visita al Reverendo Padre Correa;

y trascendente le dice: “Mire, vea,

padre: lo que pasó es cosa de la edad”.

 

-Y, ¿por qué está usted diciendo esas cosas?

-Padre usted sabe que la vida es así;

no se lo voy a decir a mis rivales,

pero yo se que si tengo mis males;

 

y yo le quiero pedir un favor, ¿si?

-Sí, Jovita, yo la escucho dispuesto.

-Si muero, quiero dejar las coronas,

 

para La Virgen, para causas nobles;

sólo las presta a personas confiables.

Es mi voluntad y mi testamento.

 

32- Monólogo de Jovita

Confunden mi reinado con la maña;

yo desde niña lo deseé muy pura.

También sé la gloria cuán poco dura;

en su verdad mi ser se desengaña.

 

Rivales que me miran con envidia,

galanes maliciosos, presumidos;

se creen originales y son fingidos

y sólo a gusto están entre la insidia.

 

La muchachada grosera y mal criada;

políticos buscando beneficios,

lisonjeando al poder y a la riqueza,

 

confundiendo el bien, la naturaleza,

valiéndose de tretas, artificios,

llevando ufanos vida descarriada.

 

33- Crónica de la calle 15

La vida de la ciudad es intensa;

por calles y carreras se camina;

según los voceadores se adivina

el transcurso del día con certeza.

 

De mañana el tinto, el jugo y las frutas;

y de acuerdo al lugar las baratijas;

el ladrón pasa y roba las sortijas,

y siguen los madrazos e hijueputas.

 

¡Llegó la suerte! ¡Lotería! ¡Valle!

Libertador, Cauca, Chocó, Boyacá.

La brisa juega, levanta las faldas

 

a empleadas de cansadas espaldas

las prostitutas se acercan más acá.

-No falle, con lotería del Valle!

 

34- Muerte y resurrección de Jovita

En crónicas se cuenta que Jovita

murió triste y de muerte repentina,

ya curada de la fiebre dañina

que la había reducido a su piecita;

 

y fue lamentable equivocación

del periodista, Don Manuel Guevara,

y ella le pidió la resucitara,

eligiendo una oportuna ocasión.

 

Así se hizo, la niña fue invitada

de honor para el saque en el Pascual

-el clásico del Cali y el América-;

 

al principio se comportó algo histérica,

y luego contenta, muy alegre y especial

 

35- La biografía del ultraje

Todo el mundo conoce de la infamia,

todo el mundo me conoce como soy,

pero todos me gritan por donde voy

insultos dolorosos de la insania.

 

Sin tener consideración me tachan,

hablan mal de mis modales y virtud;

se meten con mi vida de juventud,

y me ridiculizan y me manchan.

 

Preguntan por el hijo de Pachito,

como burlándose de mi y del viejo;

olvidan, son sagradas las entrañas;

 

ancianos y muchachos con patrañas,

que creen que también uno es pendejo;

no saben que uno vive, es un ratico.

 

36- Antepasados ilustres

hablan de enredadas cuestiones de duendes y fantasmas

La discusión era seria y profunda

a causa del nombre y del apellido,

que la gente lo sabía venido

desde la antigua Galicia, sin duda.

 

De la estirpe de Jerónimo Feijóo,

el cura especialista en duenderías.

Para él: “juego; puras chocarrerías

inventadas por el interés”, dijo.

 

No son ángeles, tampoco demonios,

espíritus burlones, ni fantasmas;

y da claras razones: si hay súcubos,

 

es por la voluntad de los íncubos,

que rebuscan todas las formas

propias de los amores y los odios.

 

37- Leyendas del Cali-viejo

“La bella mujer vestida de negro”:

atraía a los hombres y les pedía

algo; era calavera y se reía,

yéndose hacia los caminos del agro.

 

Otra: “La Dama vestida de blanco”,

que salía en la Plaza de Cayzedo,

familia del Alférez Real, narrado

por la tradición; allí, en ese banco.

 

Tal vez la más interesante es la de

“Las tres cruces” y construidas en mayo

-el de mil novecientos treinta y siete-,

 

para que el Diablo no entre… Y no se mete..

Lo que se supo, produjo desmayo:

no pueden salir ni el Diablo, ni el Duende.

 

38- La murga y los santos inocentes

Y de repente de apareció el Diablo,

la Calavera, la Viuda y un enano,

el Año Viejo; y un bebe con la mano

le agarró la falda, y ella cogió un palo.

 

Retumbaba el tambor, la chirimía;

la algazara puso inquieta a Jovita…

Un muchacho la toca, ella se irrita,

se queja de esta maligna manía,

 

dándole un carterazo en la cabeza,

caen todos sus objetos personales:

cosméticos, esmaltes, los anteojos,

 

el rubor, el perfume, los espejos;

y de un balcón le regalan claveles…,

 

39- Rosas rosas

Los amigos seguían las noticias,

sus estudiantes estaban pendientes

y queriendo no ser indiferentes,

le llevaron detalles y caricias.

 

Clemencia le entregó el ramo de rosas,

de rosas rosas, beso en la mejilla;

Bruno sereno, como en otra orilla,

le dijo piropos, cosas hermosas.

 

Les ofreció un pocilio de café,

sofisticada encendió un cigarrillo,

¡Ver! Las Manrique estaban complacidas.

 

Y luego vinieron las despedidas.

Jovita los cortocía al dedillo,

y dijo: “De que son buenos, yo doy fe”.

 

40- Equivocaciones lamentables

Reunión de la Junta de Acción Comunal

se llevaba a cabo en el Belalcázar,

y Jovita corría para alcanzar,

iba a presentar algo muy especial:

 

-¡Alto! -la detuvo la policía;

sin invitación no podía pasar.

-¡Vé, éste!, si esperan pa’ poder empezar-,

y otras cosas que la reina decía,

 

llamaron la atención del capitán,

el que la autorizó, gustosamente,

a seguir. Y subió al segundo piso:

 

besó al Alcalde y dijo lo que quiso

y, al terminar descendió airosamente,

“deber cumplido”, y con el mismo afán.

 

41- Las causas de Jovita

“Causas” son motivos, preocupaciones:

casa, arriendo, alimentación, pasajes;

sin plata, a pesar de los homenajes,

se mantenía haciendo sus gestiones.

 

“Escudos”, llama a los buenos amigos:

a Maruja, a madame Marión, Pardo,

a Marco Tulio, a los padres Hurtado,

Correa, y feligreses de los domingos.

 

Con causas, escuderos y gestiones,

Su Majestad cumplía sus hazañas,

y más la motivaban las campañas;

 

de éstas, la del cubano Parda Liada,

que la mantenía muy ilusionada

por la casita, aun fuera sin blasones.

 

42- Los payasos esos

La escena recuerda cosas curiosas

con ocasión y venida de un circo:

los payasos molestaban muy rico,

con todas esas salidas chistosas,

 

risibles; y fue divertido verla…

Lo sucedido, cierto, fue muy especial;

todo se movió en el plano de lo irreal:

“Un payaso a otro sacaba una muela,

 

y Jovita ahí mismo entró a impedirlo,

pues parecía tortura, inquisición,

pero el payaso con el alicate

 

se decide a sacarle hasta el gaznate”.

Y por la valiente interposición

se meten con ella; y Jova se vuela.

 

43- La redada

Los bacanos lanzados a la salsa,

gozones y frescos, con sus peladas;

están a lo suyo, con sus galladas.

Un territorio marca cada mesa.

 

De repente la rumba se detiene;

irrumpe la policía: ¡Papeles!

-¡Papeles! , gritan, por los decibeles.

Es seguro que alguno no los tiene.

 

Atenlos cuidan puertas y salidas.

Hermínsul y Gerardo, los dos saltan

por una misma ventana y gambetean,

 

mientras otros, con el verbo, regatean.

Dos agentes los siguen, les disparan…

Y vuelven, las vanidades heridas.

 

44- Domingo en la Catedral

Con voz grave y broncínea las campanas

de la Catedral llamaban a misa;

y de rodillas, devota y sumisa,

la que fue de las primeras personas

 

en entrar, con su blanca mantilla.

Jovita piadosa, en silencio, oraba;

el padre sale ciñéndose el alba,

a la venia ante el altar, se arrodilla.

 

-“…en verdes praderas me hace reposar

y me conduce a frescos manantiales”.

-“El es mi pastor y nada me falta”.

 

Jovita respondía, en voz bien alta

la liturgia y oraciones especiales.

Le daban paz la santa misa y rezar.

 

45- Campaña y cumpleaños

“Mirador” lanzó la campaña a favor

de su casita; lo otro eran mentiras.

Burla la Casa del Virrey, ¡mentiras!

Pardo Liada sí era colaborador.

 

Todos sus amigos se reportaron,

y los aportes llegaron por miles;

con ellos, tiernos versos de Amariles,

que a su alma soñadora la tocaron.

 

La colecta, a la ocasión del cumpleaños,

también trajo algunas complicaciones;

no sólo platica y lindos regalos:

 

los vagos se enteraron, hombres malos…

¡¡Peliiiiigroü La seguían los ladrones,

que querían robarla y hacerle daño

 

46- Palmeras y victorias

Jovita con la colecta soñaba

dejar de ser un día la inquilina,

que iba nidando como la gallina.

La juntaba, contaba y recontaba…

 

Como le quedó faltando una parte

fue a ver los concejales de Palmira;

viajó en tren, después fue la pasajera

de victoria, con solemne semblante.

 

Luego tuvo la cara acontecida…

¡¡Decepción!! Los concejales ausentes,

las puertas cerradas, el día triste.

 

Presa en el laberinto del trámite,

criticó a las personas indecentes

que no honran la palabra prometida.

 

47- Recogiendo los pasos

Yo debo irme, me quieren hacer daño,

y no me puedo quedar viviendo aquí;

voy a otro lugar donde ya antes viví;

con doña María, hace algunos años.

 

Así dejó Jovita a las Manrique,

se trasladó donde doña María,

y con nuevo impulso y nueva alegría,

con sus paquetes, bártulos, y lo que

 

le habían obsequiado en la colecta;

con don Guillermo, y el mismo camioncito.

Vacía la antigua habitación…

 

Amparo tarareaba la canción

que el gran Richie Ray le había compuesto

y ella nuevamente estaba contenta.

 

48- Los vagos (La reina en peligro)

Regresó con los últimos destellos

cuando ya la noche estaba tiñendo,

y un miedo latente le iba creciendo

preocupada por los vagos aquellos.

 

Venía triste, con las ilusiones

suyas lastimadas, casi llorando;

el viaje en tren la había mareado,

y le dolían sus preocupaciones.

 

Al salir de la estación creyó verlos,

y hasta sintió pasos a las espaldas,

en calles oscuras y solitarias.

 

No tomó precauciones necesarias,

sentía la cogían, sus pisadas;

mas Bruno acertó a pasar y ahuyentarlos.

  

49- Una tarde de Domingo con Amparo “Arrebato”

La bella joven había ganado

muy bien su alegre calificativo,

ya que su “arrebato” era el distintivo;

la salsa, el sabor del ritmo bailado.

 

De joven, Jovita, había cantado

“Piquito”, aquel tema revelación,

que en Radio Higueronia fue sensación,

como Don Javier Díaz ha narrado.

 

Cada una contaba a la otra sus proezas:

cosas, Cañandonga y los bailaderos,

Juanchito, bares, el Séptimo Cielo.

 

Jovita se resentía de celo;

desconfiaba de los faranduleros;

de esos lares y de tales andanzas.

 

50- En el viejo solar

En aquel viejo solar de su amiga,

donde ahora vivía más tranquila,

le era común a doña María verla

hacer café y sentarse pensativa.

 

Juntas recordaban los tiempos viejos.

La dueña curiosa le preguntaba

“por qué tanta gente la molestaba”;

y ella respondía que “por pendejos”.

 

Hablaban de colores, sentimientos,

de sus causas, luchas y sus “Escudos”,

de sus realizaciones y aventuras,

 

de penalidades y desventuras,

si había, o no, otros posibles mundos;

de los infaltables presentimientos.

 

51-Adiós a la reina 

El tiempo y el espacio son engañosos;

las horas y los ríos van corriendo;

los años y los días van muriendo;

aves e imperios pasan presurosos.

 

Así se fue la niña en aquel día…

Doña María fue primera en verla;

y la noticia corrió; fue decirla

y la gente llegar, y no cabía.

 

En la austera sala de velación,

su delgado cadáver se exponía:

ojos verdes de mirada infinita…

 

Sí, era ella; ahí estaba, tal cual: ¡ Jovita!

Un joven, la mirada sostenía,

oía las sirenas con emoción.

 

Balada de amor para la reina

Con ocasión del levantamiento, de la estatua de Jovita, del maestro Diego Pombo, en la ciudad de Santiago de Cali.

Balada, vuela a buscar nuestra Reina.

ve a alcanzarla con mis versos sinceros;

dile que aquí, todos sus compañeros

guardan la pena.

 

Con tus palabras aladas, balada

sube, preséntate al reino de Orfeo, y dile

a nuestra bella Señora; cuéntale,

no es olvidada.

 

Balada mía, pídele a Ése que hace

mansas las fieras, cantar a las aves,

a nuestros amores los conserve suaves;

y el de ella: dulce.

 

Y dile que estamos agradecidos;

que siempre fue nuestra reina aguerrida,

y la más noble, valiente y querida.

Balada, cuéntale que nos le enviamos

afligidos, respetuoso mensaje;

que la gente pondera su coraje;

¡cuánto la amamos!

 

Sus grandes hazañas debemos cantar,

pequeñas causas de todos los días,

flores, afanes, paseos, melodías,

gustamos contar.

 

Y díle a nuestra divina Señora

estas palabras, con venia: “Majestad,

muy leales cumplen vuestra voluntad;

antes y ahora”.

 

Balada mía, para atraer su atención,

díle que conservamos las coronas

que admiran tantas y tantas personas,

con gran devoción.

 

Antes de regresar, asegúrate

repasar sus grandes realizaciones,

enseñanzas, las vigentes lecciones.

Lee su semblante.

 

¡Oh!, Balada, búscala en las mansiones

celestiales de vastas claridades

donde habitan todas las edades,

ya sin pasiones;

 

donde vive el Señor del Universo,

y mira ésa, su casa verdadera,

donde canta el gorrión al alba clara,

poemas y versos.

 

Balada, sé atenta: escucha y regresa

para contarnos si oyes, en las voces,

la que cantaba “Piquito”, y conoces.

¡Ah!, melodiosa.

 

Balada, mensajera del corazón,

busca a Poesía, a Safo y a Corina,

si han visto nuestra Reina, la divina;

pídeles razón.

 

Y allá, en la alta morada de las almas,

pregúntale a la nuestra soberana

en el trono del sol de la mañana:

“¿Si aún los amas?”,

 

pues es misterio el paso de la vida,

el convivir los vivos y los muertos,

las hojas secas, los brotes del huerto.

¡Ay! la partida.

 

Balada, también pregúntale si ella

tiene alguna embajada a sus Escudos

“pendiente”, otra misión en estos mundos;

otra querella.

 

Con tus palabras aladas, Balada,

recorre esos espacios siderales,

mira a nos, angustiados terrenales.

¡ Ay!, la burlada.

 

Con los profetas y los dioses habla;

con los que fueron fe de sus mayores:

con José, la Virgen, los pastores;

los de su fabla.

 

Y la Balada llegó al divino Orfeo,

a Safo, a Corina, a la Poesía;

vio a la divina musa que decía:

“Desde aquí los veo”.

 

“Balada -dijo Jovita- vuelve a ellos

y diles que sueñen y creen; que mi alma

despertó de sus sueños y está en calma.

¡Fueron bellos!”.

 

“Que vale más soñar, que los apegos;

que los instantes llegan hasta el cielo

convertidos arenas de su suelo:

¡sagrados fuegos!”.

 

“Que sean luchadores, pero correctos;

sin dejarse en el tablero encasillar;

gratos, prudentes, y saberse orillar;

¡querer sus muertos!”.

 

De nuevo en nuestra Cali terrenal,

Reina Jovita fue exaltada a “Musa

del arte y de la inspiración difusa”.

¡Oh!, gloria inmortal.

 

Aquí en la “Fuente de la inspiración”,*

sus hazañas tenemos presentes,

jamás le seremos indiferentes.

¡Con devoción!

 

 

Convenciones de los autores:

  • Fotos del Maestro Fernell Franco
  • Dibujos a plumilla del maestro Hernando Tejada.
  • Fotos cedidas por la familia Feijóo, álbumes del Cali viejo; Domingo 7 días (suplemento del periódico Occidente). Carta autentica manuscrita de Jovita Feijóo dirigida al Maestro Marco Tulio Villalobos; Lecturas dominicales y Gaceta Literaria de “El País”; Ventana del Norte.
  • María Jesús Correa de Ramos, la madre de amparo “Arrebato” en cuya casa murió Jovita.
  • Dibujo del Maestro Oscar Salazar.
  • Aguadas del Maestro Jesús Antonio Patiño.
  • Oleo de la Maestra María Esperanza Londoño Jaramillo.
  • Pintura del Maestro Carlos Alberto Zuluaga (técnica mixta).
  • Oleos del Maestro Diego Pombo.
  • Fotografías del Doctor Hugo Suarez Friat, de la escultura de “Jovita Infinita”, del Maestro diego Pombo, ubicada en “La Fuente de la Inspiración”, calle 5ª, Parque de los Estudiantes. Santa Librada, Cali.
  • Fotografías de William Arias – Infocus -, de la escultura de Jovita, realizada por el Maestro Oscar esteban Martinez.
  • Foto de Sacha Tafur, de la escultura de Jovita, del Maestro Oscar Esteban Martinez.

Jovita-contraportada-1

Jovita, musa del arte y de la inspiración difusa

 Javier Tafur González

Ediciones La Silaba 2009 – Colecciones Ocarina

Serie Plegables

Impresión: Litocolor

 

 

 

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Autor: Jovita Es Cali

En homenaje y memoria a la Reina de Reinas en Santiago de Cali. Reina Infinita: Jovita Feijóo Becerra. Palmira, 6 de junio de 1910 – Cali 15 de julio de 1970

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